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Mandalas tibetanos: Una creación de paz y armonia

augusto 21 Feb, 2016 Uncategorized No hay comentarios

Los mandalas tibetanos son símbolos mágicos hechos de arena, siendo parte de una antigua tradición utilizada por monjes provenientes del tibet. Este proceso consiste en el armado de un dibujo en el transcurso de 30 días, con granos provenientes de las piedras con diversos colores o en su defecto arena coloreada, durante este proceso el monje exprime al máximo su naturaleza y creatividad mediante la meditación y concentración. Una vez terminado la creación del mandala tibetano es santificado y destruido, recogiéndose los restos y tirándose al rio.

mandalas tibetanos

Monjes budistas realizando manadalas tibetanos

Origen de las mandalas tibetanas

Los mandalas tibetanos son originarios de la antigua India, esta palabra proviene del sanscrito círculo. Si analizas detenidamente estas figuras podrás observar una serie de símbolos provenientes de otras culturas como la azteca, india y aborígenes australianos. El Mandala es una representación del esquema o diagrama que simboliza al macrocosmos y el microcosmos, ambas siendo utilizadas por el budismo y el hinduismo.

Analisis de los mandalas tibetanos

Si lo analizamos simbológicamente, los mandalas llegan a ser representaciones mágicas, instrumentos sobre el pensamiento y de meditación que se han utilizado durante siglos. Un arte milenario que nos permite meditar al mismo tiempo que concentramos nuestra creatividad y naturaleza a través de la representación de un dibujo.

La construcción de mándalas tibetanas ayuda a mantener un equilibro entre los chakras, gracias a que los colores y formas sagradas que se observan, impulsan a nuestro cerebro a trabajar de un modo distintivo. Si se practica la meditación mientras se realiza algunos mandalas se puede experimentar una sensación de curación a niveles inimaginables ya sea físicamente, psíquicamente y espiritualmente, ya que nos ayudara como una terapia capaz de templar nuestras emociones y permitiendo que nuestro cuerpo astral se alinea armónicamente con el universo.

El interés por los mandalas tibetanos nace gracias al psiquiatra Carl C. Jung. Jung quien se dedicó al estudió de estos dibujos y descubrió la variedad de beneficios que proporciona a la psicoterapia, debido a que posee propiedades integradoras, e incluso llego a observar una mejora notable en sus pacientes con desorden psicológico, los cuales ponían en orden al caos interior por el que atravesaban.

Desde ese entonces ha sido utilizado por cientos de personas debido principalmente a su capacidad terapéutica permitiendo que los pacientes recobren su equilibrio. Actualmente puedes encontrar una infinidad de libros especializados en mandalas en distintas librerías o kioskos de revistas, siendo incluso posible encontrar mandalas para colorear en la red.

En la actualidad son muchas las personas que utilizan los mandalas tibetanos debido a sus cualidades terapéuticas, las cuales se intuye que sería capaz de ayudarnos a recobrar el equilibrio, el autoconocimiento, el sosiego y la calma interna que tanto se necesita para tener una vida en armonía.

Un punto a tener en cuenta es que no solo debemos conocer la filosofía de trasfondo de los mandalas, sino que también debemos conocer su función básica la cual no es otra que tranquilizar la mente mediante la pintura. Ayudándonos a enfocar nuestra mente en vivir el momento y disfrutar el ahora, olvidándonos del tiempo y los problemas cotidianos durante un espacia de tiempo. Este proceso llega a ser muy efectivo para brindarnos un placer siendo utilizado incluso en chicos de distintas edades, con figuras grandes y muy concretas para infantes y siendo más detallada para los jóvenes.

Hemos resaltado mucho la creación de mandalas tibetanos pero su destrucción también es importante, ya que este proceso tienen su significado especial que es muy digno de reflexionar: según los monjes provenientes del budismo, esto nos ayudara a no sentir apego por las cosas y a evitar codiciar el resultado de sus actos. En otras palabras nos enseña a tener un desapego por las cosas que realizamos a lo largo de nuestra vida, pues nada nos pertenece, comprendiendo que todo es parte de un todo, por ejemplo la arena que se tira al rio vuelve a fluir con normalidad, así como también la energía utilizada para cada creación.

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